TIERRA DE BABEL


Jorge Arturo Rodríguez


Mujeres veracruzanas…


Lejos o cerca, no lo sé, de aquellas palabras del genial Oscar Wilde, en el sentido de que cualquier hombre puede llegar a ser feliz con una mujer, con tal de que no la ame, coincido con lo que dijo Gregorio Marañón: "Cada hombre lleva un fantasma de mujer, no en la imaginación, que entonces sería fácil de expulsarle, sino circulando en su sangre y cada mujer, lleva un fantasma más o menos concreto de hombre". O sea, todos somos iguales… ¿ante Dios?, ¿ante la ley?

Sin inmiscuirme en asuntos sesudamente filosóficos ni mucho menos - ya bastante tenemos con la cruenta realidad -, creo firmemente que detrás de un gran hombre hay una gran mujer y detrás de esta, su esposa, ¿o no, Groucho Marx?

El caso es que en días pasados, el Congreso de Veracruz, a través de la Comisión Permanente de Equidad, Género y Familia, integrada por las diputadas Martha Lilia Chávez González, Anabel Ponce Calderón y Paulina Muguira Marenco, en coordinación del Gobierno del Estado, realizaron el Tercer Parlamento de Mujeres Veracruzanas, donde las féminas participaron con mucho entusiasmo - a veces más con entusiasmo que con propuestas viables -. Con todo, es de reconocerse a estas mujeres que propusieron, entre otras cosas: armonizar las leyes del Estado con perspectiva de género; instrumentar programas educativos en materia de género; considerar cuotas de género en las candidaturas en la elección de ayuntamientos y diputaciones; desterrar la discriminación con políticas públicas concretas, como crear escuelas de parto; y mayores recursos a los Institutos Municipales de la Mujeres.

Bien. Pero miren lo que expresó una de las parlamentarias, Genara Cruz Juárez: "Aprovecho la tribuna para pedir a las autoridades que nos ayuden a terminar con la discriminación, simplemente por ser mujer, por ser indígena, por discapacidad física, por ser pobre. Seguiremos trabajando, porque tanto la sociedad como las autoridades somos responsables de acabar con este mal que se llama discriminación. Importante es también que tenemos que educarnos desde la familia, donde están los valores humanos, la verdadera esencia de las personas, de ahí que la mujer asume su rol en la sociedad y por ello, a nombre de muchas mujeres indígenas, es que estoy frente a ustedes para reiterarles: ¡No más discriminación!"

Genara agregó que para qué tantas leyes: "para qué nos sirve tanto papel, si al final de cuentas la práctica es otra cosa, y para qué, si en realidad cuando parimos un hijo no tenemos médico, seguimos muriendo las mujeres y más las indígenas, pero claro está, todo va a depender de quienes nos estando gobernando, como el señor gobernador Duarte de Ochoa".

Concluyó: "Yo sí le pido que construya una escuela de parteras aquí en el estado de Veracruz. Yo no sé qué les parece a todas ustedes, por ahí vamos a empezar porque al fin de cuentas, todas las que estamos aquí y, si estamos vivas, es gracias a una partera, ¿o no?".

Claro que falta mucho por hacer, como se dice siempre. Yo simplemente les comparto esta nota publicada en La Jornada, el ocho de octubre pasado: "En Suecia, la cuestión de la paridad sobrepasa la simple igualdad de salarios, la representación e incluso los papeles asignados a los géneros. Ha entrado en la lengua, en la que un pronombre, el neutro hen intenta imponerse entre los de 'él' y 'ella'. Ya casi no queda nada por hacer en el terreno de la paridad, por eso es que cada vez lanzan ideas más raras", afirma entre divertida y molesta, la periodista independiente Elise Claesson.

"En el reino escandinavo, donde las mujeres obtuvieron el derecho al voto desde 1921, dos de los 16 meses de permiso de maternidad son reservados al padre, con el fin de que el hombre también pueda involucrarse en los cuidados del recién nacido". Ahí nos hablan, "hombres necios que acusáis a la mujer sin razón…".

Por lo pronto, ahí se ven.

Hasta la próxima


jarl63@yahoo.com.mx